domingo, 23 de mayo de 2010

Sé sensible, y déjame marchar....



Ésta es la mejor canción que he encontrado para expresar lo que siento. Porque cuando un ser querido enferma y va a morir, deberíamos ser sensibles y dejarle marchar, y no alargar su permanencia en este mundo, por mucho que queramos adornarlo con tratamientos paliativos y medicación.

Carmen Freijo era hermana de mi abuela. Tenía 83 años. Pasó media vida viajando por España con su madre ganándose el pan como actrices de teatro, y más tarde como extras de cine. Marchó a Suiza a trabajar, y regresaba a España una vez al año a ver a su familia. En 1962 conoció al que hasta día de hoy fue su pareja, Nino. Trabajó en Zurich muchos años.

Durante todo ese tiempo, vino a vernos a nosotros en su visita anual, entre las visitas a las hermanas de mi bisabuela, a su hermana..., y todo el papeleo que tenía que hacer aquí en España por residir fuera. Y mi padre nunca nos dejaba a mi madre, mi hermano y a mi salir juntos de casa para quedar con ella. Así que como hermana mayor, dejaba el puesto a mi hermano, y yo la veía cada 2 años. Mi tía se hartó de esta situación y pronto quedaba con nosotros dos días en su visita, en uno estaba con mi hermano y mi madre, en otro conmigo y con mi madre. Tenía mucho carácter, y logró vernos a los 3 juntos en varias ocasiones.

Siempre nos traía historias, cariño, abrazos y chocolate, el mejor chocolate del mundo. Sus maletas siempre regresaban mucho más ligeras de como venían, y eran todo un mundo. Nos dio todo, incluso nos ayudó en momentos económicos duros.

Gracias a ella tuvimos nuestra primera y única consola, recién salida de Suiza y antes de que llegara a España, la primera Nintendo 64. Mucho más importante, gracias a ella tuvimos camas de verdad en las que dormir (durante casi 12 años dormimos en cunas, unas cunas sin barras a los pies para poder sacarlos y que se venían abajo con solo soplar) tanto mi hermano como yo.

Creo firmemente que ella fue mi modelo a seguir, la que sin estar físicamente cerca, me dio la fuerza necesaria para matricularme en el instituto a escondidas de mi padre (un día que acompañé a mi madre "a por pan" con dinero de mi abuela para la inscripción), y para después matricularme en Historia, tras un periplo difícil de un año, y por supuesto siempre en contra de mi padre.

Con ella visité el mar por segunda vez en mi vida a los 13 años, con mis padres, hermano y yaya. Ella me enseñó a nadar superando mis terrores internos más profundos, y fue una experiencia increíble.

Logró 3 años después, en 1996, que fuéramos mi hermano y yo con ella de nuevo a la playa, solos, y lo que es aún más importante, consiguió que mi hermano comenzara a comer por fin de todo (hasta entonces, y tras muchos años de no comer más que por sonda, se había conseguido que comiera pollo y patatas fritas, y era su dieta exclusiva). Lo veía y no me lo creía. Carmen cuando se proponía algo lo conseguía. Fue el mismo año que mi hermano dejó de mearse en la cama (lo hacía desde pequeño y hasta entonces fue un problema insalvable, porque por más gritos que le diera mi padre, mi hermano no podía controlarlo...., de hecho creo que era peor lo que intentaba mi padre.....). Fue un gran año.

Sólo volveríamos un par de veces más a la playa. Siempre recordaré nuestros paseos por la ciudad, nuestras conversaciones, nuestros juegos. Allí incluso estuvo mi primo, y pasamos grandes momentos juntos.

Carmen regresó a España para quedarse en cuanto su pareja se jubiló en Suiza, y se trasladó a León. Allí también fui a visitarla, una vez con la facultad, otra yo sola y la penúltima con mi marido, para que le conociera. Esta última vez fue justo tras su ictus. Pero intentó aún así comunicarse con nosotros por muy mal que le saliera. Su memoria ya no era la que fue, pero seguía siendo ella.

Cuanto tiempo perdido, pienso ahora, sin haber estado más con ella en este tiempo, antes del ictus, antes de todo.

La última vez que la vi fue en el hospital de León. Fui con mi abuela, y mi tía Adela. Cáncer, metástasis...., son las peores palabras del mundo...., peor aún lo son más cuidados paliativos. Terminal. Aún nos reconocía, sonrió al vernos, cuando le hablé de mi marido.... Aún era consciente del mundo, y prefería pasar el tiempo durmiendo.

Y durmiendo se fue la mañana del 20 de mayo de 2010, con 83 años y mucha experiencia a sus espaldas. Y mucho amor de su familia.

La extraño muchísimo, me arrepiento terriblemente de todo el tiempo perdido que no pasé con ella, y de todas las cosas que no le dije. Pero como dice Jose, al menos pudo conocerle, pude verla bien y verla al final cuando aún reconocía, y no le dolió.

Debo ser sensible y dejarla marchar. Aún no puedo del todo, pero lo conseguiré, poco a poco. Porque dejarla marchar no es olvidarla, ni olvidar todo lo que me enseñó.


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